Eligiendo un buen vino

Cocinar es una actividad placentera que nos permite abstraernos de los problemas y preocupaciones de la vida diaria. El apetito es sinónimo de buena salud, y para obtener como resultado una suculenta y nutritiva cena no puede faltar en nuestra mesa un vino de calidad que acompañe los sabores y olores de la comida.

Hay diversos pasos en el proceso de elaborar una sabrosa elección. Debemos empezar por elegir el que a la postre será el plato principal, así sean pastas, arroz, o carnes. La combinación resulta aquí esencial, ya que ciertas comidas no se acoplan bien con otras, mientras que una magistral composición traerá como resultado un plato gustoso que será de deleite para todos los comensales. Es así que, por ejemplo, los hongos son un buen acompañamiento para las pastas, pero no son recomendables para ser mezclados con carnes de pescados.

Luego debemos seleccionar los ingredientes secundarios que darán marco a nuestro primordial alimento. Las verdurasVegetables son accesibles a todo tipo de comida y no causan decepción. El ajo y la cebolla son aquellos componentes infaltables en cualquier comida. A la hora de poner manos a la obra, debemos prestar mucha atención a la combinación de colores y olores, poniendo toda nuestra atención en el proceso que estamos llevando adelante.

Cuando el plan de acción esté definido, y antes de que todos se sienten a la mesa, debemos pensar con serenidad cuál será el vino que acompañe nuestro plato, aquél que dará un toque de distinción a nuestro paladar y servirá como amenizador de todos los sabores.
Obviamente, existe una gran variedad, empezando por la siempre existente alternativa entre vinos blancos o rojos. También podemos entregarnos a la posibilidad de arriesgar y probar vinos exóticos, de cepas de uvas menos tradicionales.

Lo importante es no perder de vista el objetivo fundamental: disfrutar de la amistad y de la unión entre los seres queridos.